sábado, 16 de marzo de 2013

La lengua y el ajedrez.




La lengua es un sistema que no conoce mas que un orden propio y peculiar. Una comparación con el ajedrez lo hará comprender, mejor... Si reemplazo unas piezas de madera por otras de marfil, el cambio es indiferente para el sistema; pero si disminuyo o aumento el número de piezas, tal cambio afecta profundamente a la gramática del juego. El valor relativo de las piezas depende de su posición en el tablero del mismo modo que en la lengua cada termino tiene un valor por oposición con todos los otros términos. -F. De Saussure-


Un ejemplo de lo antes dicho, donde cada término tiene su valor, son los sonetos 
de Jorge Luis Borges.  Es imposible cambiar la gramática del poema, sin que se afecte su sentido y su belleza.


Ajedrez

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.


En el oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la tierra.
Como el otro, este juego es infinito.


II


Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.



No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.


También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar*) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.


Dios mueve al jugador, y éste, la pieza
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?


Idea y recopilación.